{2}LAMENTACIONES{/}

Despu\u00e9s de la ruina de Jerusal\u00e9n y de las cosas horrendas que sucedieron en esta ocasi\u00f3n, los creyentes tratan de comprender. No se quejan, ven la ruina como castigo merecido por los muchos des\u00f3rdenes y por el constante rechazo de las advertencias de Dios. Y, sin embargo, saben que Yav\u00e9 ama a su pueblo, lo creen, lo sienten y lo afirman.
Cuando los desterrados volvieron a Jerusal\u00e9n, muy posiblemente se reun\u00edan para orar en com\u00fan en los escombros de lo que hab\u00eda sido el Templo, y juntos alternaban estos lamentos. Despu\u00e9s siguieron rez\u00e1ndolos cada a\u00f1o en la fecha que recordaba la cat\u00e1strofe, y m\u00e1s tarde la Iglesia se acostumbr\u00f3 a usarlos para recordar la muerte de Jes\u00fas.
En la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or, el creyente ve la acumulaci\u00f3n de los sufrimientos y de las angustias de la humanidad. Estos poemas le ayudan a unir en una misma compasi\u00f3n los dolores de Cristo y la miseria inmensa de la muchedumbre de los que sufren, as\u00ed como la visi\u00f3n del dolor universal y el sentido del pecado y de la responsabilidad de los hombres.
Una tradici\u00f3n jud\u00eda atribuye a Jerem\u00edas estos poemas, que revelan un esp\u00edritu bien parecido al suyo.
