{N}1,{/}1: Jon\u00e1s se niega a obedecer el llamado de Yav\u00e9: posiblemente porque no se siente responsable de la salvaci\u00f3n de esos \u00abmoros\u00bb ninivitas. Est\u00e1 durmiendo mientras los marineros, paganos bien simp\u00e1ticos, tratan de salvar el barco (lo cual no es obra religiosa, pero tambi\u00e9n interesa al piadoso Jon\u00e1s). Se alegra de pensar en el castigo de Dios que va a caer sobre los paganos de N\u00ednive. Se queja de la misericordia de Yav\u00e9 con los ninivitas, porque su propia reputaci\u00f3n va a sufrir con ello.
Dios dirige al mundo con visi\u00f3n muy amplia y generosa. Por ser creador de todos, se siente responsable de todos y quiere salvar a hombres y animales (4,11), sin mirar la raza o la religi\u00f3n.

{N}4,{/}1: {C}DIOS SALVA A TODOS LOS HOMBRES{/}
Jon\u00e1s no ama a los paganos, y si Dios los salva, \u00e9l no est\u00e1 dispuesto a pagar el pato. Pero esas peque\u00f1eces, dignas de un creyente muy mediocre, no deben ocultarnos un esc\u00e1ndalo del que pareciera que Dios tiene la culpa. \u00bfC\u00f3mo se entiende que Dios salva a todos los hombres, si al mismo tiempo repite, a lo largo de toda la Biblia, que el \u00fanico elegido es Israel, que Jes\u00fas s\u00f3lo tiene palabras de vida, y que no podemos ser salvados sin el bautismo? \u00bfAcaso tiene Dios dos maneras de hablar? \u00bfO bien debemos creer que la salvaci\u00f3n cristiana es una entre todas las que Dios ha dado a los pueblos de diferentes culturas y religiones?
Uno de los primeros que se preguntaron al respecto, el fil\u00f3sofo y m\u00e1rtir san Justino, pens\u00f3 que ya antes de Jes\u00fas, el Verbo de Dios estuvo en el mundo como una semilla de verdad, y que ilumin\u00f3 a los sabios de todas las religiones. San Agust\u00edn, por el contrario, tom\u00f3 al pie de la letra Marcos 16,16: \u00abEl que no crea ser\u00e1 condenado.\u00bb Por ende, se vio obligado a demostrar que todo lo que vemos de bueno en los no cristianos es fruto de un orgullo secreto. En ellos no hay sino virtudes humanas, es decir, una perfecci\u00f3n aparente que no tiene valor a los ojos de Dios. Esta soluci\u00f3n radical fogueaba el entusiasmo de los bautizados y la Iglesia no demor\u00f3 en adoptarla.
Hay que decir que la Iglesia ya se hab\u00eda sentado en el trono de gloria que a Cristo, su esposo, le correspond\u00eda. Siendo \u00e9l el unico Salvador, ella se daba como la intermediaria que ninguno pod\u00eda ignorar sin condenarse para siempre. Era verdad que el misterio de la Iglesia abrazaba la humanidad entera, pero se estaban confundiendo dos cuestiones : \u00bfes la Iglesia necesaria para la salvaci\u00f3n de la historia humana? Y aquella otra: \u00bfno hay acaso salvaci\u00f3n para aquellos que no se ubican dentro de la estructura eclesial?
As\u00ed fue como la Iglesia de Occidente se encastill\u00f3 en la posici\u00f3n de san Agust\u00edn y la apuntal\u00f3 con la doctrina del pecado original de la que \u00e9l hab\u00eda trazado las grandes lineas (v\u00e9ase el comentario de G\u00e9n 3 y de Rom 5,12). Se sosten\u00eda imperturbablemente que debido al pecado de Ad\u00e1n, todos los hombres se condenaban al infierno, excepto aquellos que fueran bautizados o que al menos manifestaran el deseo de hacerlo. Y esto se dijo y se predic\u00f3 hasta una \u00e9poca muy reciente.
Fue s\u00f3lo en la primera mitad del siglo XX, especialmente con el Concilio Vaticano II, que este muro se cay\u00f3 oficialmente. Durante los tres siglos anteriores esa condena sin apelaci\u00f3n de todas las religiones y de la gran mayor\u00eda de los hombres que no entraron en el movimiento cristiano, hab\u00eda escandalizado a innumerables esp\u00edritus abiertos, dando as\u00ed paso al ate\u00edsmo occidental, pero la Iglesia (o mejor, las Iglesias) segu\u00edan inmutables. No hay pues que extra\u00f1arse de que, apenas se reconoci\u00f3 que la voluntad de Dios era salvar a todos los hombres (y esto no s\u00f3lo en teor\u00eda, a saber, que \u00abDios quiere salvar a todos los hombres con la condici\u00f3n de que crean y se hagan cat\u00f3licos romanos\u00bb), la masa de los cristianos haya comenzado a desestimar su fe. No se la negaba, se pensaba que tal vez era mejor, pero que todas las religiones ten\u00edan el mismo valor. Bien pronto se lleg\u00f3 a pensar que en este terreno no hay camino que se imponga y que cada uno se salva como puede, si es que a\u00fan se puede hablar de salvarse o ser salvado.
Los creyentes de hoy no pueden asimilar, en algunos a\u00f1os ni siquiera en el transcurso de un siglo, un viraje de tal magnitud, y sin duda seremos incapaces, antes de mucho tiempo, de entender a la vez c\u00f3mo Dios ama y salva a todos los hombres y c\u00f3mo el llamado a la fe que hemos recibido es una gracia \u00fanica. Debemos escuchar lo que Dios dice al profeta Jon\u00e1s, pero no por eso olvidaremos que Jes\u00fas es mucho m\u00e1s que cualquier Jon\u00e1s o Salom\u00f3n (Mt 12,41), m\u00e1s que cualquier sabio o profeta de Oriente o de Occidente. Ninguno, fuera de \u00e9l, ha recibido el Nombre divino sin el cual la humanidad no se salvar\u00e1 (He 4,12).

