{N}1,{/}14: Sofon\u00edas presenta en forma amenazante el d\u00eda de Yav\u00e9. Los jud\u00edos hablaban de una venida de Yav\u00e9 cada vez que le ped\u00edan una liberaci\u00f3n: Yav\u00e9 deb\u00eda salvarlos de sus enemigos y permitirles seguir en su vida sin fe ni justicia. En cambio, el profeta sabe que Yav\u00e9 realizar\u00e1 sus propios planes; su salvaci\u00f3n no es lo que piensan los indiferentes, y empezar\u00e1 por destruir a los que no se conviertan.

{N}3,{/}11: Esta es la primera visi\u00f3n de un pueblo de Dios, pueblo de pobres.
Las destrucciones del d\u00eda de Yav\u00e9 dejar\u00e1n en Si\u00f3n un resto. Por primera vez se llama pobres a los que acogen a Dios. No se trata principalmente de ser pobre materialmente, sino de tener frente a Dios la actitud de los que no tienen nada y est\u00e1n dispuestos a recibirlo todo. La palabra pobreza indicaba el fracaso; ahora ser\u00e1 la condici\u00f3n para buscar a Dios. Desde ese momento, la palabra \u00abpobres de Yav\u00e9\u00bb designar\u00e1 a todos los que en Israel esperan encontrar a Dios. Hasta que el Evangelio, especialmente el de Lucas, proclame la felicidad de los pobres (ver Lc 6,20).
Yav\u00e9 estar\u00e1 en Jerusal\u00e9n para compartir con ellos su alegr\u00eda. El Dios Santo ya no es una autoridad celosa de su prestigio, sino que se ha vuelto un joven enamorado; y \u00e9l mismo abre las danzas.
{C}Grita de gozo, ho hija de Si\u00f3n; no tendr\u00e1s que temer, pues en medio de ti est\u00e1 Yav\u00e9 {/}(14-16){C}.{/} En el Evangelio de Lucas las mismas palabras se dirigen a Mar\u00eda en el d\u00eda de la anunciaci\u00f3n (Lc 1,28).

