{N}1,{/}1: Juan no narrar\u00e1 milagros, ni revelaciones, ni secretos celosamente guardados por algunos iniciados. La verdad que cuenta es a la vez m\u00e1s sencilla y divina que todo esto: Dios, vida eterna, ha venido a convivir con los hombres
{C}La Palabra{/}: ver Jn 1,1.
En el tiempo de Cristo y de los ap\u00f3stoles, el mundo romano estaba agitado por profundas inquietudes religiosas; y de Asia, la provincia donde viv\u00eda Juan, sal\u00edan numerosas religiones y doctrinas que procuraban satisfacer la sed de verdad y de amor de los hombres. Juan opone a todas esas teor\u00edas la certeza del testigo: nosotros hemos tocado y visto.
La vida se revela como un don del Padre, como un renacer del hombre que ya no sab\u00eda esperar, como una sonrisa divina, la visita inesperada del que viene a compartir la vida de los hombres. La Vida no se encuentra en los libros, sino que aquellos que la han encontrado y tienen experiencia de ella antes que nosotros pueden despertarnos.

{N}1,{/}5: {C}Andar en la luz{/}: esto es la vida del cristiano.
M\u00e1s all\u00e1 de las diferentes verdades que descubren los hombres, hay una luz (o una evidencia, o una presencia), que es la verdad total. Esta no se divide: uno est\u00e1 o no est\u00e1 en la luz. Esta no nos proporciona directamente conocimientos, sino que la persona misma act\u00faa, vive, {C}anda{/} en la luz. Quien entra a la fe descubre esta luz que lo libera de muchas trabas:
-_La visi\u00f3n parcial del que se entusiasma por una causa e ignora otros combates que no importan menos; la del que cuida un sector de su vida pero deja los otros en el desorden.
-_La inquietud del que no tiene norte y acalla sus propias dudas lanz\u00e1ndose a una actuaci\u00f3n desenfrenada.
-_Los sectarismos que impiden ser .
La fe nos abre poco a poco a una visi\u00f3n global del hombre.
Primer criterio para saber si andamos en la luz: \u00bfnos apartamos del pecado? Aqu\u00ed Juan quiere rebatir a algunos que dec\u00edan: por ser cristianos estamos ahora unidos a Dios, ya no importan los pecados que puede cometer el cuerpo. Juan afirma que, si uno se decide por Dios, no puede seguir entreg\u00e1ndose al pecado. Es cierto que nadie est\u00e1 sin pecado y todos necesitamos de la salvaci\u00f3n de Cristo; pero el mismo perd\u00f3n nos obliga m\u00e1s a alejarnos del pecado.
Juan nos invita a {C}confesar a Dios nuestros pecados,{/} es decir, a reconocerlos humildemente ante \u00e9l, confiados en su bondad. Si no hubiera esta actitud, el sacramento de la  no tendr\u00eda valor. Pero, al rev\u00e9s, confesar nuestras culpas en el sacramento de la penitencia ayuda fuertemente a tener el coraz\u00f3n abierto ante Dios.

{N}2,{/}1: Segundo criterio del amor a Dios: cumplir los mandamientos, los cuales se resumen en la caridad. \u00bfPretendemos acaso conocer a Cristo y ser creyentes? Esto se debe medir seg\u00fan el amor que tenemos a nuestros hermanos. {C}Mandamiento antiguo,{/} es decir, el primero que aprendimos en la Iglesia; mandamiento {C}nuevo,{/} porque el mundo debe descubrir continuamente y en nuevos campos lo que puede el amor.

{N}2,{/}15: Tercer criterio: no amar al mundo. Notemos c\u00f3mo Juan empieza por alegrarse con sus lectores porque {C}conocen al Padre{/}. No se trata de aborrecer al mundo que Cristo vino a salvar (ver comentario de Jn 3,17). Pero la vida y la historia de los hombres revelan una alienaci\u00f3n profunda: est\u00e1n bajo el poder del esp\u00edritu malo. Y Juan llama {C}el mundo,{/} a la corriente mala que en \u00e9l se expande. El mundo, para \u00e9l, es la vida enga\u00f1osa que nos absorbe en cuanto dejamos de buscar la voluntad del Padre.
Hay algo m\u00e1s en esto de {C}no amar al mundo{/}. Aunque es bueno todo lo que viene de Dios, la creaci\u00f3n entera no es nada si la comparamos con Dios. Mientras consideramos al mundo como el gran regalo que Dios nos hizo y nos sentimos responsables ante \u00e9l de su progreso y desarrollo, el mundo es bueno para nosotros. Pero tan pronto como lo consideramos como cosa nuestra, lo usamos o descuidamos a nuestro antojo, se vuelve \u00eddolo que nos esclaviza y campo de rivalidades. El cristiano se compromete en el mundo (primer caso), pero no con el mundo (segundo caso). Guarda su libertad de hijo de Dios o deja de serlo por amor al mundo.

{N}2,{/}18: Cuarto criterio: para estar seguros de andar en la luz debemos {C}rechazar al Anticristo{/}. Los creyentes del tiempo de Juan sab\u00edan que en v\u00edsperas de la venida gloriosa de Cristo se presentar\u00eda un Anticristo. Juan dice: ya es anticristo el que niega que Jes\u00fas sea el Cristo.
Actualmente hay todav\u00eda mucha gente que distingue entre el hombre Jes\u00fas perdido en las brumas de la leyenda -un profeta tal vez que no tuvo suerte- y un Cristo idealizado al que los creyentes adoran. Pero Juan dice: Quien vino en la historia es el Dios eterno.
{C}Ustedes tienen esa unci\u00f3n que viene del Santo,{/} (20). Juan no habla solamente de la unci\u00f3n con \u00f3leo del bautismo y de la confirmaci\u00f3n.  quiere decir precisamente , y esta unci\u00f3n era la presencia en \u00e9l del Esp\u00edritu de Dios, su Padre. Juan agrega: Ustedes no pueden recibir pasivamente cualquier cosa en la Iglesia, m\u00e1s bien deben discernir si se les transmite fielmente la palabra de Dios.
{C}El les ha dado la unci\u00f3n, y ella les ense\u00f1a todo{/} (27). Al escribir esto Juan pensaba en los profetas que animaban a las Iglesias; gracias a sus palabras inspiradas, el Esp\u00edritu instru\u00eda a la comunidad (v\u00e9ase He 14,2 y 1 Tes 5,19). Tambi\u00e9n ahora el Esp\u00edritu nos mantiene en la verdad por medio de los que animan y ense\u00f1an, pero eso no quita que busquemos por nosotros mismos el sentido de la Palabra y discernamos lo que nos dicen los dem\u00e1s.

{N}3,{/}1: Aqu\u00ed empieza la segunda parte de la Carta: somos hijos de Dios y debemos vivir como tales.
Hijos de Dios: esto se puede entender de diversas maneras. Uno puede pensar solamente que Dios quiere a los hombres, o que la dignidad de la persona humana es muy grande. Pero aqu\u00ed Juan nos llama la atenci\u00f3n sobre dos puntos:
-_Somos hijos para llegar a ser semejantes a Dios; no ambicionemos nada menos perfecto que esto.
-_Somos hijos para volver al Padre: \u00bfacaso pensamos lo suficiente en el fin \u00fanico y tan trascendente para el cual Dios nos eligi\u00f3? Sabiendo esto, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edamos no entender que Dios nos va purificando de mil maneras, porque solamente as\u00ed llegaremos a nuestro fin?
{C}Seremos semejantes a \u00e9l{/} (2) al compartir todo lo que Dios es, y llegando a ser, en alg\u00fan modo, Dios con Dios (ver 1 Cor 13). Los que ahora viven con Cristo una vida de sufrimientos ser\u00e1n transfigurados como \u00e9l (Mc 9 ; Col 3,4). Entonces el universo alcanzar\u00e1 su meta, teniendo como su centro a los hombres hijos de Dios, o m\u00e1s bien al Hombre Nuevo (Rom 8,17).
{C}El que ha nacido de Dios no peca{/} (9). Parece exagerado, pero ser hijos de Dios no es algo de fantas\u00eda: realmente hemos empezado una vida en la verdad y en el amor. Al que tiene esa vida se le hace imposible cometer el verdadero pecado: negarse decididamente a amar, a perdonar o a seguir luchando. Pero pedimos a nuestro Padre: \u00abNo nos dejes caer en tentaci\u00f3n\u00bb.
 
{N}3,{/}7: Guardar el mandamiento del amor es el distintivo de los hijos de Dios.
La mayor\u00eda de los hombres se han acostumbrado a pensar que el mundo se divide en dos bandos opuestos: los buenos y los malos, o sea, los del propio grupo y los dem\u00e1s. Juan nos dice cu\u00e1l es la frontera que divide a la humanidad: los que aman y los que no aman. Por ubicarse en el campo de quienes aman, el creyente ser\u00e1 perseguido. No le perdonar\u00e1n el que no comparta los odios y sectarismos de sus compa\u00f1eros o de su pueblo.
{C}El que odia a su hermano es un asesino {/}(15). Todas las matanzas que ahora se producen en tantos pa\u00edses, aun en pueblos cristianos, son el fruto de odios seculares que much\u00edsima gente guard\u00f3 en s\u00ed sin superarlos realmente.
La pr\u00e1ctica del amor nunca nos deja amargados, como puede ser el caso cuando est\u00e1 el sacrificio, pero sin el amor. Nos introduce al mundo de Dios en que ya no hay distancias, ni temor, ni recelos:{C} Si nuestra conciencia nos reprocha, Dios es m\u00e1s grande que nuestra conciencia{/} (20). Esto quiere decir que Dios nos conoce y nos juzga mejor que nosotros mismos; lo hace con un amor que nos falta a nosotros. Debemos pues desconfiar mucho de sentimientos de culpabilidad por pecados que hemos rechazado y adem\u00e1s reparado; esta clase de angustia nos encierra en nosotros mismos en vez de abrirnos a Dios, que sabe recuperar lo estropeado o dilapidado y rehacerlo nuevo.
{C}Creer en el Nombre{/} (23): o sea, en la divinidad de Jes\u00fas.

{N}4,{/}1: Juan destac\u00f3 el papel importante del Esp\u00edritu Santo para guiarnos en la verdad. Pero aqu\u00ed nos advierte respecto de los profetas que no se expresan seg\u00fan la verdad recibida de los ap\u00f3stoles en la Iglesia. Siempre ha habido conflictos entre los que disponen de la autoridad y los que hablan y critican libremente. Es evidente que ninguna persona inspirada puede hablar en contra de la fe tradicional de la Iglesia, pero \u00bfqu\u00e9 pensar cuando se trata de maneras de ser y de actuar en la Iglesia?
\u00bfDebemos apoyar en todas circunstancias a los responsables? Esto ser\u00eda olvidar que el Evangelio forma personas libres. No podemos seguir ciegamente el parecer del Papa o del obispo o de la mayor\u00eda, a no ser que la unidad de la Iglesia est\u00e9 amenazada. Es deber nuestro formar nuestra conciencia y pensar de acuerdo con los criterios del evangelio.
\u00bfPodemos entonces dar la preferencia a los que parecen guiados por el Esp\u00edritu? Si el Esp\u00edritu es el que los inspira, por m\u00e1s que critiquen lo que debe ser criticado, nunca tratar\u00e1n de dividir a la Iglesia. La comunidad podr\u00e1 echarlos, pero ellos no ser\u00e1n responsables de la ruptura, y aunque la comunidad local los rechace, no aceptan separarse de la comuni\u00f3n universal de la Iglesia, la cual siempre reconoce, con el tiempo, a los verdaderos profetas.

{N}4,{/}7: Aqu\u00ed empieza la tercera parte de la carta: Dios-Amor es fuente del amor y de la fe.
{C}Dios es amor{/} (16). Esta es la revelaci\u00f3n suprema y propia de la fe cristiana. Otras religiones hablan de un Dios bueno y misericordioso, pero ninguna sabe que el dinamismo del amor anima a toda la creaci\u00f3n y tiene su fuente en Dios-Amor.
En este p\u00e1rrafo, Juan vuelve a afirmar que el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo no se pueden separar. Si bien nosotros ya lo sabemos, Juan nos da la raz\u00f3n de ello: el amor viene de Dios (7). Y porque {C}Dios nos am\u00f3 primero,{/} nosotros ahora somos capaces de amar a Dios (10), amando al pr\u00f3jimo con su mismo amor que permanece en nosotros.
Juan relaciona el amor a Dios con la fe en Dios: el verdadero creyente es el que cree antes que nada en el amor de Dios (4,16). El nos ha amado y elegido desde la eternidad (Ep 1,4) ; lo ha demostrado en el env\u00edo de su Hijo y su sacrificio (Rm 5,8). Y si nos anima el amor verdadero, nunca tenemos sentimientos de superioridad o creemos tener m\u00e9ritos como los que se sienten due\u00f1os de sus obras buenas. Solamente nos damos cuenta de que el amor de Dios act\u00faa a trav\u00e9s de nosotros
As\u00ed se justifica la vida que se entrega para servir con cari\u00f1o a algunos abandonados, enfermos, ancianos in\u00fatiles para la sociedad. Se justifica una vida que se aparta de la vida com\u00fan para dedicarse totalmente a un amor m\u00e1s exclusivo de Dios.

{N}5,{/}1: Dios-Amor es el que nos pide creer en su Hijo, y la fe es una victoria. Juan escribi\u00f3 el Apocalipsis para alentar a los creyentes perseguidos mostr\u00e1ndoles la victoria que comparten junto a Cristo por el solo hecho de creer. Aqu\u00ed lo repite en otra forma.
Nuestra mayor victoria ser\u00e1 conquistar nuestra herencia de hijos e hijas de Dios, es decir, la eternidad misma de Dios. Los que creen en Cristo ya alcanzaron la Verdad, que es Dios.
{C}Cuando amamos a Dios, con toda certeza sabemos que amamos a los hijos de Dios{/} (2). Aqu\u00ed Juan toma al rev\u00e9s lo que dijo en 4,20: el que ama (bien) a sus hermanos es el que ama a Dios.
Hay muchas cosas que se llaman amor, y tal vez todas tienen algo de amor, pero con m\u00e1s y menos; el amor de Dios hacia nosotros y el amor que \u00e9l nos da hacia los dem\u00e1s son imposibles de confundir con otros amores. El amor que procede de una comuni\u00f3n aut\u00e9ntica con Dios no se parece al amor sentimental, o ciego, o interesado. Es eficiente, tanto para liberar al que amamos como para transformarnos en Cristo.
Los vers\u00edculos 6-9 se\u00f1alan tres aspectos complementarios de la experiencia cristiana, que se verificaron primero en la persona de Jes\u00fas. Y Juan los caracteriza con tres palabras:
{C}-_agua{/}: el agua es s\u00edmbolo de limpieza y de vida nueva.
{C}-_sangre{/}: la sangre del sacrificio, de la expiaci\u00f3n dolorosa del pecado, la sangre de los m\u00e1rtires.
{C}-_esp\u00edritu{/}: fuerza incontenible que anima a los testigos de Cristo; creatividad asombrosa de las personas y de las instituciones que se arraigan en la fe.
{C}Estos tres se\u00f1alan a Jesucristo{/} y tambi\u00e9n caracterizan la salvaci\u00f3n cristiana. Es f\u00e1cil ver que tienen su correspondencia en los tres sacramentos del Bautismo, la Eucarist\u00eda y la Confirmaci\u00f3n.

{N}5,{/}13: En esta conclusi\u00f3n Juan repite lo que dijo en toda la carta: ustedes que creen, sepan lo que tienen. No estimen en poco el paso que dieron al reconocer a Cristo. Exploren y busquen las riquezas que les est\u00e1n destinadas y que se encuentran en  \u00abaquel que nos ama\u00bb (Apocalipsis 1,5).
Juan distingue entre el pecado {C}que lleva a la muerte{/}: rechazar la fe y la verdad; y las faltas de debilidad que no apagan la esperanza ni la fe, sino que simplemente las debilitan. Debemos orar unos por otros con confianza para no caer m\u00e1s hondo.
{C}El mundo entero queda bajo el poder del maligno{/} (19). El mundo es el lugar donde el  \u00abMaligno\u00bb rivaliza con Dios. El no se abandera con ning\u00fan grupo, ateo, materialista o de cualquier otro nombre, sino que, en todo lugar, transforma las mejores cosas en \u00eddolos destructores, incluso entre los cristianos y entre los que buscan la perfecci\u00f3n de la vida religiosa.
{C}Gu\u00e1rdense de los \u00eddolos{/}. (21). La \u00faltima advertencia de Juan cobra su pleno sentido al final de esta carta en que nos invit\u00f3 a permanecer en la verdad de la Palabra de Dios hecha hombre, sin que nada venga a adulterar esta verdad. Pues la comunidad cristiana estar\u00e1 constantemente tentada a tomarse poco a poco por el centro de todo. Es entonces cuando las instituciones se preocupan por durar, por reclutar; se piensa asegurar la unidad reforzando la autoridad; se buscan apoyos humanos y se construye la Iglesia con el concreto de sus edificios. Estas son mil maneras de escapar a la condici\u00f3n provisoria que caracteriza la vida en el Esp\u00edritu, y es as\u00ed como la Iglesia puede volverse un muro opaco que separa a Dios de los hombres, tanto m\u00e1s  cuanto que se quiere sagrada. La Palabra se hizo carne y la Iglesia no puede ser sacramento de Dios si no se queda , es decir, d\u00e9bil y vulnerable.

